sábado, 3 de noviembre de 2007

Desde ayer


Desde ayer volví a aprender lo que somos, a aprender la alegría serena que da un simple beso, que da un efusivo brazo, que da el brillo de tus fascinantes ojos, a aprender a saber lo que es necesario para que mi luctuoso corazón, a aprender lo que tengo que tener claro, a aprender a llamar las cosas por su nombre: amor, tristeza, pasión, dolor ...

Desde ayer quiero volver a robarle el tiempo al tiempo, a ser lo que nunca he sido, lo que nunca seré, quiero volver a ser ese menudo pez sin memoria que vive abocado al mar, quiero volver a sentirme unido a ti para el resto de mi vida, por el resto de la eternidad, sin otro sentir ni divagar que el amor que profeso por cada gesto tuyo, por cada una de tus locuaces palabras que tanto me hacen sentir cuando desde tu jugosos labios viajan perezosas hasta mis exiguos oídos.

Desde ayer ya no soy la canción risueña que entristezca al ser escuchada, no soy por ser lo que fui, ni seré lo que nunca debía haber sido, fastuoso animal herido que adormece en las sombras ávido, al acecho de su presa, ni seré ese desatinado gesto de burla al tiempo que hemos compartido, ni volveré a cavilar en las meditaciones sin sentido.

Desde ayer es como si todo hubiese pasado hace tiempo, recuerdos de aquellas pasiones desbocadas en las que mi lengua recorría incesante todo tu cuerpo, rebuscando entre las esquinas la entrada a tu alma, al edén de las pasiones que juntos compartimos aquellas calurosas tardes, en aquellos virtuales tiempos tan lejanos ahora.

Desde ayer quiero todo tu amor, toda tu esencia de mujer, quiero tu fin, tu destino, quiero seguir sintiendo tu sensual voz acariciando mi pelo, quiero seguir percibiendo el volar de tu mirada hasta mis sentidos, quiero sentir como ella hace eterna mi vida, como detiene el reloj de la vida, como me da descanso y me sosiega, quiero verla peregrinar de nuevo con su esencia de ninfa, como una flecha que parta mi corazón en mil.

Desde ayer, hoy, por siempre, seré tuyo.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Ausencias


Alma vacía de sentimientos, exhausta del rencor a la vida, impropia de cualquier humano, escuálida y deformada por el desuso de tu ausencia, así me encuentro yo en los espacios de tiempo en que mi ser y el tuyo se separan irremediablemente por la intransigencia de lo cotidiano.

En mi mente, susurros y ecos estrepitosos llenos de nostalgia de tu voz, dejando en mi carcomido cerebro, como bombas abrasadoras que destruyen la poca paciencia que pueda quedarme, y se me hacen eternos los segundos de expatriación que nos regalamos, una verdadera eternidad hasta que vuelvo a encontrar tus manos en mi doblado cuerpo, austeras y cariñosas, que por rutina tienen descubrir sensaciones nuevas con cada pasar y cada caricia.

Sólo me queda esperar en la demora de la ausencia la dicha de tu encuentro, y que mis lágrimas me ayuden a licuar esta inquietud, que provocada por el destierro de tu alma, provoca en mi el malestar inclemente y atroz de mil dagas asesinas que destruyen cualquier resquicio terrenal de sensación de vida, dejándome en un estado de resignación innata del que no puedo salir hasta que tu sensual voz de ninfa me rescata.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Enfermando

Prefirió la muerte al sufrimiento por la quietud serena de la muerte, cuanta aciaga adversidad la que convierte este amor idílico en fatal lamento, y está éste lleno de desconsuelo e incluso las sonrisas vierten lágrimas, con el gozo de la angustia, pues sólo aspiramos a un girón de viento que encauce definitivamente nuestras vidas en un camino paralelo.

Dolor inevitable del amante leal que eres y yo culpable por amarte cada día, vibrando en el borde rojo de mi herida, pues tu presencia es signo de la vida, y llevamos años de amor, que sólo ha pretendido un beso, una palabra, un hálito, un sonido... y, a pesar de nuestra esperanza, cada día evidencio que detrás de tu mente no existe el silencio.


Si yo no me hubiese enamorado de ti hace tanto tiempo, qué paz sin cataclismos ni vórtices, sin cimas ni abismos regocijaría hoy tu cuerpo y en mi no existiría ese deseo febril y omnipotente de ir por las noches a besarte en la frente, de bajar con la luz de un astro zahorí, a decirte al oído: “No te olvides nunca que te quiero”. Y tú, que me quieres más de lo que nunca soñé, callas inexorable, y no sé sino dudar de todo, del alma, del destino, y ponerme a llorar en medio de esta vida, pues con desolación infinita evidencio que sin ti muero y mientras tanto, simplemente te mato.

martes, 4 de septiembre de 2007

Intenso palpitar

Recuerdo aún el día en que tu boca y la mía quisieron besarse a escondidas bajo el tumulto de las palabras, y cual sinónimos de besos voladores no pudieron reprimir sus deseos, intercambiando caricias lascivas y represiones sexuales durmieron juntos desde aquella noche, tu boca y la mía, tu amor y mi vida.

Recuerdo aún el día en que tu sexo llamó a mi sexo, fulgurantes de sueños carnales, rutilantes de placeres ajenos, y tu mano temblorosa y tu cuerpo estremecido, desbocado caballo mi cuerpo, y mi mente refrenaba el deseo de poder gustarte como amante, de poder amarte como en sueños.

Recuerdo aún el día en que mi alma y la tuya danzaron por primera vez sin destino, enamoradas sin rumbo cierto pero confiadas en abrazo mutuo, serenas, cautas y firmes, y ahora paseando por la vida siguen sin más trayectoria que la felicidad conjunta, sin remilgos, sin reproches, como hermanos de amor y de odio.

Recuerdo también aquel día en que lozanas nuestras vidas eran, tan jóvenes e inseguros, aquel día en que pudimos juntar nuestro sino de por vida, y yo sin medida y tú sin deseo, que par de incultos, quien nos hubiera dicho aquel día que sin tu mano moriría, que sin mi boca te ahogarías, que siniestro día aquel, hoy oculto entre las sombras del recuerdo y la nostalgia, que día aquel tan profano que la vida nos renegó juntarnos.

Recuerdos y sueños, deseos y esperanzas, reuniones de tu cuerpo y el mío, danzas y abrazos, vienen a la memoria sin ningún impedimento, sin estorbos, ni trabas, ni entorpecimiento alguno, tan añorados y nostálgicos como si la vida sin ellos no existiese, como si mi alma herida estuviera por la añoranza ya vividas.

Recuerdos o sueños, quien sabe, lo mismo parecen en la lejanía pues hoy ocultos estarían sin tu privilegiada compañía, sin tu preciado amor, sin tu gran compresión, sin tus perfectas caricias, sin tu amor liviano, sin tu pragmática sinceridad... Recuerdo... Recuerdas ...

viernes, 31 de agosto de 2007

Luna

Qué soledad tan fría es la soledad nocturna, y más cuando tu visión, a la que anhelo, habita lejos y furiosa, sin palabra ni escucha. Soledad de soledades, soledad de luz de luna, sintiendo el amor cerca pero sin lograr que se acerque nunca.

Indagan las palabras mi cerebro, trepando en camino desde el corazón, que se resiente a estar hermético, y grita con dolor. ¿Qué absurda indiferencia de mi ser mantiene adormecido mis sentidos? En languidez total deseo verte, y al punto sacudir mi estupidez, y despertar de nuevo la euforia, y retenerte, poseyéndonos una y otra vez, y perder la noción del tiempo y olvidarnos de este sin sentido, de tu brillante redondez, de tu lujuria transitoria menguante.

Espero que vengas, tal vez, trayendo perspectivas que tuve y olvidé, gocé y perdí, palabras que escupí y sin maldad grité; volveré a luchar por borrarlas vivas, y mi horizonte, que ahora se siente desvanecido, se perfilé desde la nebulosa, y espero que, de nuevo, mi mirada devuelva sentido a tu visión, volviendo de nuevo a sentir mi ser completado, dentro de mí, en derredor, y en lejanía, y de nuevo colgar del cuello tu grandioso resplandor, como un amuleto, muerta la sombra de la noche fría, mi pasión y mi deseo por tu fluorescente resplandor.

Sé que el día es separación y fatiga, en el que nuestro amor duerme inacabado, paisaje sin luz, desarbolado, como leyenda recitada sin intriga. Esperemos con fervor de amiga que el alba rompa el candado de nuestra lejanía y que la noche despierte en mi mezquina mente, tu radiante claridad, deseando de nuevo poder hacerte el amor en sueños, y renacer en tu alegría creciente, y que tu inusitada sonrisa diagonal de la luna lunera llene de energía mi alma como lo haces noche tras noche, en mi mundo onírico, mi virtualismo de acción, en el que eres y serás mi centro de atención.