jueves, 6 de marzo de 2008

Noche sin ti


Intentaré percibir en mi propia entraña el aullido del lobo que insistente te acompaña, como si fuera un surtidor de fuego que me carcoma el alma durante toda la noche y en soledad vencido, enredaba la mente con tu maraña, entre sueños extraños de un amor anhelado ó del libido extraviado.

Sintiéndome cual paloma oscura que no se deja ver, divagando desde mis deseos hasta el festival de tu esencia estaré sin presencia para cuidarte de tentaciones, del bullicio y de la manada de don juanes que se acercarán a intentarte. Noche sin ti, como tantas otras, acompañado de todos los deseos qué como lúbricos secretos navegan por tu mente y descansan en mi espalda.


Y recuerda que cuando regreses del alborozo festival de tu inocencia, y tu cuerpo sumerjas entre las sábanas en la cuna de mi esperanza, deseo que duermas, mi niña, que sueñes, corretees y vueles, y no te apresures a regresar al mundo de mi agonía que inexorablemente te envuelve.

Quiero que por ese onírico tiempo sigas en tu mar azul, sirena furtiva, donde el tiempo, atrofiado, se diluye. Vive el efímero marzo sin padecer mi silencio pues el sonido de tu ausencia llena todo mi ser y perdurará sosegadamente, cual libélula exhausta, en el epicentro de mi pensamiento.

sábado, 9 de febrero de 2008

Sin presencia


En estos días en los que sé que tu presencia va a ser efímera, me sumergiré en el confín de la fatiga e intentaré no recordar ni siquiera cómo se descansa, y tal vez con abandono lo consiga, como hoja verde sobre el agua mansa; pero quizá no lo consiga y la corriente turbará con revuelo mi sosiego, durmiendo mis sentidos y mi mente, y la desesperante soledad, de tu no presencia, deje discurrir mi mente por livianos sueños donde se mueran los deseos y languidezcan las rosas, donde duerma la luz en sombras silenciosas, pero aumente mi fe en ti cada día, y fortalezca también la tuya.

Pesan tanto las horas que ambos nos negamos, que mi espalda es curva y me encuentro desplomado, como si fuera un maltrecho atlante de piel de mármol y pupilas ciegas. Esas horas sin ti, en las que tú estás, por doquier, tan andariega, me acompañan adonde voy, y en cada instante me rodean en órbita asfixiante, mientras te espero, mientras nunca llegas, mientras espero tu mensaje, mientras sueño con tu alegría y alborozo en compañía ajena, entre humo y perversión, y los celos me enturbian la luz, enmudeciendo cuanto me rodea. Le pido al tiempo que me devuelva esas horas, las robadas, que hoy son plomo, y debieran ser doradas, que me regale todo tu tiempo, amor, que es la mejor oferta que cualquiera de mis sentidos podría querer.

Y siento, ahora, como si dos alas te hubiesen brotado, y ahora vueles por un cielo sin nubes, por un cielo encantado, como tus ojos risueños, tan maravillosos como todo tu ser; que vueles sin descanso, pequeña golondrina, por tu espacio de sueños, donde lucen colores de perenne primavera. Siento, ahora, como si Dios te hubiese abierto el portillo de su huerto de verdes campos y doradas cumbres y te hubiese soltado entre sus perros y sus gatitos, que ni muerden, ni arañan, que tanto hacia ellos vas, como a ti acuden, y redoble en ti la felicidad más celestial sin mi humilde presencia...

jueves, 31 de enero de 2008

Palabras

Antes de tus palabras no hubo nada, sólo viento al pasar, sólo murmullo, la mañana despertaba vacante de colores y mutilaba a la primavera de su encanto. Antes, tus palabras, se escondían, se ausentaban, cobardes e insuficientes, filtrándose en silencio entre tus dientes, pues tu ideal tal vez te las ahuyentaba. Y, ahora, cuanto más tus conceptos se acrecientan, cuanto más hondos y clarividentes son, se vuelven tus labios a abrir en frases que llenan mi ser de una paz absoluta, entendiendo con certeza lo que sientes, cada matiz de tu pensamiento, cada significado de las graciosas miradas hacia mi persona.

Ahora, mi hada, quiero que grites como lo hace un ángel cuando le arrancan las alas de su espalda, como si su alma entera se le desbaratara, sin aceptar la suerte, sin entender la afrenta, pues tal vez mañana pases por el mismo camino, el que no quieres volver a tomar, y vuelva de nuevo el vaso rebosante de mi llanto, que una vez más me llegue sin entenderlo, y ni siquiera mi alma entenderá cómo se puede sufrir tanto por un simple silencio.

Pero habrá otro momento, sobrevendrá otro día, y la misma esperanza que hoy siento enredará mis pasos y triunfará de nuevo, y se convertirá en armonía la noche oscura con cada una de tus gentiles palabras, bajo el redoble andante de mi pecho, hambriento por tu piel, y mi mente penetradora y circundante que volverá a rastrear cada uno de los intersticios de tu ser.

Y ahora, gracias a tus palabras, mi ser sólo se centra en tu piel y mi piel, dos planos paralelos, tan idénticos y opuestos, como si fuesen piezas diversas de un íntimo engranaje; tu piel con su resplandor de plata que transporta un galeón, y mi piel el barco pirata lanzado a toda vela al abordaje de tu amor, se dejará en tu mente un poemario erótico, tan profundo, que cada vez que lo abras emergerá en tu cabeza una armonía encantada; y en cada página escribiré, con sudor templado, todo lo que me transmite tu espíritu ardiente, tu sexo liviano; y cada anochecer, sobre tu almohada, te arrullarás lasciva por los versos que mi mente corrompida escriba por tu mirada; y al despertar recordarás cada uno de tus sueños y, extendidos a la vida, volverás a vivirlos junto a mí, entre las palabras que me concedes y la mías suplicantes por un simple beso.

miércoles, 23 de enero de 2008

Erotismo carnal

La añoranza que siento por la lejanía de nuestra historia, es como el bravo despertar de una colmena de sueños que, incesantes, rebosan por mi imaginación con tu cuerpo de protagonista congénito, epicentro de todos los mórbidos pensamientos, y todo el lascivo raciocinio que mi mente de delirante enamorado tiene en esos instantes puntuales en los que la más mínima chispa de recuerdo reabre en mi la nostalgia de tu magnánima compañía, la serenidad de tu delicada comprensión, la mayor de todas mis pasiones sexuales, jamás soñada y, contigo, alcanzada al fin.

Ese incesante bienestar que me regalabas es como bomba de oxigeno para mi vida, plagada de sueños rotos, de deseos recónditos de mi olvidada adolescencia, es como un soberbio impulso de coraje y fantasía que aviva con estimulo el circular de mis venas y exhorta, incansablemente, mi cuerpo hacia un aturdido estado en el que un vigor extraordinario y carnal, me hace pensar únicamente en tu sexo, en el cobijo carnal de tu tibio centro, en el calor sensual de tu sugestivo pecho, en el sedoso aroma de tu espeso cabello, en el refulgente sabor de tus lúbricos besos, en el insoportable placer de tus fascinantes caricias, en el inimaginable sonido celestial de tus jadeos, en la oportunidad diaria de degustar el sabor de tu afrutada saliva … cuanta paz sosegante siento en esos momentos de divagación pasional, ¿qué sería de mi sin ellos, sin la dilatación de mi coraza perpetua gracias a tu persona?

Es tanta la fulgente pasión que siento en tu lecho, que la más mínima divagación o sospecha de ausencia me atormenta de una forma demoníaca, como si la llama indulgente de un fuego abrasador arrancase con destellos de ignición cualquier resquicio de vida en mi cuerpo, arrastrándome perpetuamente a la más miserables de la existencias que me quede por sufrir, aquella en la que sólo la desdicha y el infortunio sería un lapso de tiempo eterno, por el simple hecho de no poder sentir las célicas punzadas de tu magnánima mirada, el inverosímil cenit de placer de nuestros clímax, la efusión de cualquiera de tus gemidos, el frenesí de todos tus libidinosos movimientos, el ímpetu de mis irrupciones en tu núcleo genital, la emoción de cada uno de tus inusitados orgasmos.

Y sin saber la verdad de las cosas, ni desear el discernir absoluto, mi vetusta conciencia me asegura que soy tuyo de por vida y también de por muerte, lo sé como nada y todo en esta vida, sin vacilación, sin dilema, sin dubitación y sin ninguna indecisión … y si cabe con toda seguridad, especulo con la posibilidad que nuestra historia de amor será eterna en mi mente, incluso más allá de mi agonía mortal, y la pasión y el gozar que siento será envidiada por nosotros en el resto de nuestras soñadas reencarnaciones.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Desde ayer


Desde ayer volví a aprender lo que somos, a aprender la alegría serena que da un simple beso, que da un efusivo brazo, que da el brillo de tus fascinantes ojos, a aprender a saber lo que es necesario para que mi luctuoso corazón, a aprender lo que tengo que tener claro, a aprender a llamar las cosas por su nombre: amor, tristeza, pasión, dolor ...

Desde ayer quiero volver a robarle el tiempo al tiempo, a ser lo que nunca he sido, lo que nunca seré, quiero volver a ser ese menudo pez sin memoria que vive abocado al mar, quiero volver a sentirme unido a ti para el resto de mi vida, por el resto de la eternidad, sin otro sentir ni divagar que el amor que profeso por cada gesto tuyo, por cada una de tus locuaces palabras que tanto me hacen sentir cuando desde tu jugosos labios viajan perezosas hasta mis exiguos oídos.

Desde ayer ya no soy la canción risueña que entristezca al ser escuchada, no soy por ser lo que fui, ni seré lo que nunca debía haber sido, fastuoso animal herido que adormece en las sombras ávido, al acecho de su presa, ni seré ese desatinado gesto de burla al tiempo que hemos compartido, ni volveré a cavilar en las meditaciones sin sentido.

Desde ayer es como si todo hubiese pasado hace tiempo, recuerdos de aquellas pasiones desbocadas en las que mi lengua recorría incesante todo tu cuerpo, rebuscando entre las esquinas la entrada a tu alma, al edén de las pasiones que juntos compartimos aquellas calurosas tardes, en aquellos virtuales tiempos tan lejanos ahora.

Desde ayer quiero todo tu amor, toda tu esencia de mujer, quiero tu fin, tu destino, quiero seguir sintiendo tu sensual voz acariciando mi pelo, quiero seguir percibiendo el volar de tu mirada hasta mis sentidos, quiero sentir como ella hace eterna mi vida, como detiene el reloj de la vida, como me da descanso y me sosiega, quiero verla peregrinar de nuevo con su esencia de ninfa, como una flecha que parta mi corazón en mil.

Desde ayer, hoy, por siempre, seré tuyo.